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El hilo se corta por lo más delgado


[24/05/2020]
La AMAP expresa su preocupación por la criminalización del médico y manifiesta su solidaridad con todos los colegas agredidos e injustamente imputados

Por el Dr. Luis Japas, secretario Adjunto de la AMAP

La inesperada aparición del COVID-19 y el posterior desarrollo de una pandemia mundial encuentran al país sin la preparación ni la organización apropiada de recursos para una situación epidemiológica tan grave y, hasta hace muy poco tiempo, jamás pensada ni prevista.

La trágica experiencia vivida con anticipación en los países del hemisferio norte nos ha dado un tiempo invalorable para planificar y organizar dichos recursos, con las limitaciones propias de nuestra precaria situación económica, política y social. Sabiendo de la falta de tratamiento específico para este virus, las medidas estuvieron y están dirigidas a la prevención -aislamiento social- y a la adecuación del deteriorado sistema de salud para enfrentar a una enfermedad que aún sigue causando estragos en Europa y EE.UU. colapsando, salvo excepciones, los sistemas sanitarios de la mayoría de países económicamente mejor posicionados que el nuestro.

En las últimas semanas la Asociación de Médicos de la Actividad Privada (AMAP) fue convocada por las autoridades del Ministerio de Salud de la Nación para dar una opinión acerca de las normativas y procedimientos elaborados por dicha cartera para hacer frente a la pandemia y, particularmente, para hacer aportes concretos ante la realidad de los contagios del personal sanitario en su tarea cotidiana. En dichas reuniones nuestro sindicato expresó su apoyo a las reglamentaciones oficiales elaboradas por dicho ministerio conjuntamente con el comité de expertos que lo asesora, pero poniendo énfasis en señalar que cualquier normativa, por más precisa que sea, resulta inútil si no está acompañada al mismo tiempo por mecanismos de control y por procedimientos de capacitación permanente de cada uno de los integrantes que componen los equipos de trabajo.

Entendiendo que no se puede dejar librado al ejecutor final únicamente, la interpretación y la aplicación de las normativas, y que resulta imprescindible la presencia de una conducción y la existencia de un manual de procedimientos para que la tarea sea adecuadamente realizada, recomendamos elaborar y desarrollar paralelamente formas de ejecución prácticas, y sometidas continuamente a revisión y control, convencidos de que sin esa supervisión y entrenamiento, cualquier normativa estaba condenada a fracasar. La AMAP acompañó su propuesta entregando a las autoridades un texto detallado elaborado por dos médicas afiliadas al sindicato, jefas de un servicio de Emergencias de un sanatorio privado de la CABA, en base a su propia experiencia de control sistemático y supervisión continua de la tarea, que estaba dando muy buenos resultados en la prevención del contagio de todo el personal sanitario a su cargo.

A más de dos meses “de gracia” para la preparación y la organización para enfrentar lo que sería el pico máximo de demanda de camas hospitalarias en todos los ámbitos sanitarios, públicos y privados, estamos tristemente siendo testigos de lo que afirmáramos arriba: la aparición de contagios que se podrían haber evitado si se hubiesen implementado los controles permanentes de las normas establecidas por las máximas autoridades de salud, por parte de todos y cada uno de los encargados de llevar a cabo dicha función, en los diferentes niveles de responsabilidad en los que se organizan las estructuras sanitarias, públicas o privadas. Lo que no hace más que poner en evidencia, al mismo tiempo, que en muchos casos toda la tarea queda simplemente reducida, y recae casi exclusivamente, en el “médico de trinchera”, que es sobre quien se carga arbitrariamente toda la responsabilidad del “error”, con clara animosidad y tirria, para ocultar obligaciones no asumidas de los verdaderos responsables de la vigilancia de los procedimientos. Estas actitudes generadoras de perturbación deben cesar. Deben primar el sentido común y el espíritu de colaboración entre los diferentes niveles jerárquicos, asumiendo cada uno su propia responsabilidad con sensatez y compromiso, para que no se vuelvan a tomar más medidas artificiosas e injustamente desproporcionadas.

En esta semana también teñida de tristeza por injustas calumnias contra una persona que solo persiguió cuidar a los más humildes, hoy más que nunca resuena uno de sus pensamientos más contundentes, y que debiéramos poner en práctica cada día de nuestras vidas, ocupemos el lugar que nos toque en suerte ocupar: “A la responsabilidad se la honra asumiéndola”, Dr. Ramón Carrillo, primer Ministro de Salud de la República Argentina.

No somos héroes. Somos trabajadores de la salud, muchas veces precarizados.
E inmerecidamente criminalizados

 

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