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Productividad y salud. ¿Qué pasa en el Sanatorio Güemes?


[11/08/2021]
La AMAP hace conocer su opinión sobre la situación que atraviesan los colegas del Sanatorio Güemes donde los empresarios ponen en práctica mecanismos con el único fin de lograr una mayor rentabilidad a expensas de los derechos de médicos y pacientes

Opinión
El concepto de productividad aplicado a la medicina. EL CASO DEL SANATORIO GÜEMES

“La Economía se basa en las relaciones humanas, y no al revés” Tyler Cowen

Iniciado el lento camino de retorno a la normalidad prepandémica, en paulatino
proceso de relajación de la tensión del sistema de salud hasta hace muy poco dedicado a pleno a la mayor epidemia que los médicos recordamos haber vivido en carne propia, aflora nuevamente en un sector importante de este sistema -el de la medicina privada- un viejo y repetido problema que parece no tener fin: la aplicación de la idea de la productividad al trabajo profesional, o según nuestro pensamiento, la banalización del acto médico.
Asistimos en estos días a un nuevo conflicto gremial en el Sanatorio Güemes, en esta ocasión por la decisión de sus directivos de incrementar el número de turnos por hora para la atención programada de los pacientes en los consultorios externos de la institución.
Desde la AMAP sostenemos desde hace muchos años que el concepto de productividad, relacionado a un trabajo cualquiera y expresado por la correlación entre el gasto de trabajo (insumos) y la cantidad de bienes materiales producidos (resultados), no debe aplicarse al acto médico. La razón es simple, la productividad suele estar ligada al binomio eficiencia/tiempo: cuanto menos tiempo se invierta en lograr el resultado anhelado, mayor será el carácter productivo.

En medicina, cantidad no es igual a calidad
La salud no es un producto convencional; podemos medir cuantos televisores se podrían ensamblar en una hora, pero no cuántos pacientes se atienden en un consultorio o en una guardia. No se puede hablar de un tiempo promedio porque todos los casos son diferentes; pero a pesar de ello los empresarios presionan al médico para que atienda a cada vez más pacientes en el lapso de una hora. Lo que para ellos sería una buena performance profesional, para los colegas es una aberración. La simple dedicación del tiempo necesario para una correcta atención, más allá del indudable beneficio para la salud de los pacientes, lleva ineludiblemente a reducir los gastos porque se evitan análisis y estudios innecesarios, segundas consultas, errores médicos y reclamos potencialmente millonarios por mala praxis.
La aplicación de este concepto puramente mercantilista al trabajo médico que interpreta que se pueden aplicar los mismos elementos de análisis económicos que se emplean en objetos materiales a la tarea médica es, a las claras, inaceptable.
Resulta lógico y razonable buscar la optimización de las diferentes áreas y las diversas funciones que se llevan adelante en una institución sanitaria, pero otra cosa muy diferente es aspirar a la productividad del médico en relación a la cantidad de consultas y no a la calidad de atención que les brinda a los pacientes. Consciente y perversamente hoy, las autoridades del Sanatorio Güemes intentan volver a imponer esta metodología en el trabajo cotidiano del médico. Nos repreguntamos hoy, ¿es posible hacer esta traslación? La respuesta es NO. En medicina, cantidad no es igual a calidad.

Pautas básicas de gestión
Creemos muy oportuno recordar en este punto algunas de las pautas básicas de gestión establecidas para los centros de salud por la Organización Panamericana de la Salud (Washington, octubre 2001):
- Ninguna medida adoptada por las empresas para cumplir sus objetivos de rentabilidad económica debe atentar contra la calidad prestacional, ni supeditar el bienestar del médico a criterios de rendimiento y productividad.
- El trabajador médico no es un recurso, tiene recursos (conocimiento, capacidades, experiencia y valores); es decir, maneja talentos.
- En la salud privada, el rol que desempeñan los médicos en la “dinámica del mercado” (o si se prefiere, en el “proceso de producción”) es principal, ya que son quienes definen el producto final: la población sana, que favorece el desarrollo individual de las personas, el crecimiento económico y el desarrollo de un país.
Como profesionales de la salud entendemos que la única unidad de medida posible para evaluar la calidad de un sistema sanitario es el bienestar de los ciudadanos de la nación, y en este punto nos enfrentamos a una realidad muy distinta: los dueños de las clínicas nunca miden los resultados en términos de la salud de sus afiliados, sino en función de la rentabilidad de su negocio. Y bajo esta premisa siempre han ajustado en el lugar que tienen más a mano: el trabajo del médico. Durante años han incrementado sus ganancias violando las normas legales de contratación de los médicos, precarizando sus condiciones de trabajo, manteniendo salarios y honorarios bajos y recortando derechos laborales, y de esta forma convirtieron al trabajador médico en la variable de ajuste económico de sus empresas.

Estrategias inescrupulosas versus derechos laborales
A pesar de los innegables logros de la AMAP y su incansable trabajo por la registración laboral y por salarios dignos, esos mismos empresarios vuelven a poner en práctica mecanismos con el único fin de lograr una mayor rentabilidad- Con este fin establecen tiempos reducidos para las consultas médicas, o lo que es lo mismo, aumentan el número de turnos de atención por hora de trabajo profesional, al mismo tiempo que afirman hipócritamente en relación al tiempo que cada médico de la institución debe destinar a su paciente: “correspondiendo en caso a cada profesional determinar y evaluar el tiempo necesario para cada uno, según la buena práctica médica propia de la profesión que se ejerce en nuestra institución” (CD 138385572, de fecha 09/08/21)
Como se ve, los empresarios vuelven a repetir las mismas estrategias de explotación inescrupulosa de sus médicos al tiempo que desatienden a sus propios clientes a quienes no dudan en ofrecer como óptimo un producto de baja calidad y potencialmente peligroso. De esta forma, una vez más, condicionan a criterios de rendimiento y productividad el bienestar del médico y de los pacientes.
 

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